Slow Travel on a Sweet Sunday: Madrid

Slow Travel on a Sweet Sunday es un plan de domingo para quien viaja sin prisas, para quien quiere caminar una ciudad tal y como si viviera en ella, con ese relax dominguero… Hoy nos vamos a Madrid ¿te apetece?

Madrid ofrece lo mejor de sí misma todos los días, pero los domingos parece más reposada y llena de encanto. Eso no quiere decir que las calles queden desiertas. Por el contrario, la gente sale más, invade los sitios públicos y le da una luz diferente a la ciudad. Se ven lugareños y extranjeros que caminan sin apuro, disfrutan de las plazas y parques, y comen en bares típicos.

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Para mí, un domingo perfecto en Madrid comienza con un paseo por el parque El Retiro. Si bien se trata de un lugar muy turístico y conocido, la verdad es que tiene una magia particular: entre las sombras de los árboles, los cantos de los pájaros y la música de los artistas ambulantes, este pulmón se convierte en un remanso de paz.

Mi recomendación es bajarse en la estación del Metro de El Retiro y bordear el Estanque Grande, un lago de 280 metros de largo que hace muchos años era usado por la realeza para realizar simulacros de batallas navales. Ahora, en cambio, es posible navegar sus aguas durante 45 minutos, en unos botecitos que se alquilan por 8 euros los fines de semana. Es realmente relajante sentarse en estas embarcaciones, dejar que la brisa roce la cara y observar los peces que nadan bajo la superficie. Como telón de fondo, se puede admirar el increíble monumento a Alfonso XII, construido entre 1902 y 1922.

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Al bajar del bote, vale la pena caminar por el Paseo de Paraguay y llegar hasta el Parterre, un jardín con inspiraciones francesas que mandó a construir Felipe V. Después de tomarse la fotografía de rigor con los cipreses de formas extrañas, es recomendable sentarse en los banquitos que se encuentran bajo los árboles y admirar el panorama: las estatuas, el verde, las flores.

También hay rinconcitos un poco más apartados, como la Casita del Pescador o el Bosque del Recuerdo, en los que se pueden pasar momentos de tranquilidad. Justo por allí, donde no abundan los turistas, es buena idea sentarse a comer algunas frutas y disfrutar del silencio.

Si bien se puede pasar todo el día tratando de recorrer las 125 hectáreas del parque, es mejor salir de allí y encontrar otras sorpresas. Andar en Metro es una buena alternativa, pero yo recomiendo ir a pie para aprovechar lo mejor de esta urbe. Al salir del parque, por ejemplo, se puede pasar la Puerta de Alcalá y llegar hasta la Plaza de Cibeles, un ícono de la ciudad. Después de caminar por la Calle Alcalá y ver Gran Vía a lo lejos, se debe tomar una de las callejuelas empedradas para conseguir la Taberna La Tía Cebolla, en Calle de la Cruz. Es un lugar pintoresco, en el que ofrecen las típicas tapas y platos de comida española, acompañados por cerveza, tinto de verano o vermú.

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Y ya que hablamos de esta bebida, les aconsejo caminar hasta la calle Cuchilleros, muy cerca del barrio La Latina, donde se encuentra Ricla. Se trata de un bar castizo muy pequeño, en el que se vende un vermú de grifo delicioso, el mejor que he probado hasta ahora. Lo ideal es acompañarlo con una tapa de queso cabrales, un tipo de queso azul que se elabora en Asturias. La mezcla de sabores es, sencillamente, maravillosa.

Muy cerca de allí, después de llegar a la Calle Mayor, está el Pasadizo San Ginés, donde los entusiastas del dulce encontrarán su paraíso. La Chocolatería San Ginés, fundada en 1894, abre las 24 horas y tiene los mejores churros con chocolate de la ciudad –por lo menos, así me parece a mí–. Las paredes del local están forradas con fotos de personalidades que han comido allí. Mario Vargas Llosa y Plácido Domingo, por ejemplo, han probado estas delicias.

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Y para terminar un día perfecto, sólo hay que caminar un poco más por la Calle Mayor, pasar frente a la Catedral de la Almudena y el Palacio Real, y dirigirse hacia el Templo de Debod, una de las pocas piezas egipcias que se encuentran completas fuera del territorio de ese país. Lo mejor es visitarlo al atardecer, y disfrutar del juego de luces y sombras que se posan sobre el monumento.

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by Ariana Guevara Gómez, de Literatura en la Ciudad.

fotos: Zvonimir Ilovaca, Ariana Guevara y Cristina Uquiola.  

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