La naturaleza salvaje de Milford Sound en Nueva Zelanda

Hace poco leí que la felicidad no estaba en ser poderoso, famoso o adinerado, sino simplemente en viajar. Sea por poco o mucho tiempo, sea a grandes urbes, lugares éxoticos o a pequeños pueblos, da igual, sólo hay que conocer y deslumbrarse. Porque esa emoción de mirar un lugar por primera vez con tus propios ojos, degustar un nuevo plato o escuchar una música distinta, se quedan grabados por siempre en tu memoria y recordarlos te llevan de nuevo a esos sitios mágicos a los que deseas volver, reviviendo por un instante la alegría de haber visto, comido, escuchado, vivido… Eso me pasa cuando pienso en el Milford Sound (o Piopiotahi en maorí) en Nueva Zelanda.

Milford Sound

Milford Sound, es el “fjord”, fiordo en castellano, más célebre de Nueva Zelanda y se encuentra ubicado en el Parque Nacional de Fiordland, en la Isla Sur. Pero ¿Qué es un fiordo? Se preguntarán algunos de ustedes. Debo confesar con vergüenza, que yo nunca había escuchado esta palabra de origen nórdico, por lo que no tenía la más remota idea de lo que iba a presenciar. Otra razón por lo que es maravilloso viajar: ¡Aprendemos miles de cosas! En fin, un fiordo es una entrada estrecha y profunda del mar entre montañas escarpadas que ha sido formada por glaciares.

Dicho de esta manera, se puede pensar que es una simple corriente de agua salada, sin ningún otro encanto. Pero cuando estás parado enfrente, su inmensidad te impresiona, te envuelve. Tanto así, que el autor británico Joseph Rudyard Kipling, sí, el mismo que escribió “El libro de la Selva”, lo consideraba “La octava maravilla del mundo”.

Milford Sound

Llegar a Milford Sound en coche es un poco largo, puesto que las aglomeraciones urbanas se encuentran algo alejadas y la población de Te Anau, la más cercana del fiordo, no tiene la infraestructura necesaria para recibir a los más de 500.000 visitantes que llegan al año. Sin embargo, los operadores turísticos en Queenstown e Invercargill, ofrecen paseos desde horas tempranas de la mañana hasta tarde en la noche.

Además solo existe una entrada al fjord: el Homer Tunnel, inaugurado en 1954 (veintiún años después del inicio de sus trabajos, dada la dureza de la piedra a excavar) seguido de una ruta estrecha y serpenteada, pero de una belleza comparable al fiordo mismo. Les juro que es muy difícil no parar cada 100 metros para tomar fotos de los paisajes majestuosos o simplemente para contemplar la fuerza de la naturaleza. De hecho, no lejos de ahí, se grabaron escenas de Argonath de El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo.

Milford Sound

Cuando finalmente, cien fotos después, llegamos al embarcadero de Milford Sound, tuvimos la suerte que uno de los cruceros salía 5 minutos más tarde, así que una vez comprados los boletos nos embarcamos sobre las aguas tranquilas del fiordo hasta la desembocadura del mar de Tasmania. Tuvimos también la fortuna de gozar de buen tiempo ¡llueve dos de cada tres días! Por lo que deben prever impermeables; y que no habían los terribles mosquitos que rondan sus aguas, ¡así que a pensar también en un repelente!

Milford Sound

Una especie de paz se apoderó de nosotros ante el bucólico paisaje que se nos presentaba. Es un lugar salvaje pero a la vez tranquilo, donde se respira pura vida. Sus grandes montañas, con alturas que rondan hasta los 1600 metros, parecen pinturas al oleo, donde predominan el verde, los colores tierras, ocre y grises. Dos montañas en especial tienen forma de animal, así que hay que estar muy atento para identificarlas…

Milford Sound

A lo largo del fiordo, disfrutamos de un sinnúmero de sublimes arcoiris que se formaban en las cascadas que caían, algunas con fuerza, otras con suavidad, desde las imponentes cimas de los macizos que nos rodeaban. Entre las cascadas que no pueden dejar de ver, están las famosas Lady Bowen, Stirling y Huka Falls.

Milford Sound

Milford Sound

Gracias a la profundidad de las aguas del fiordo, diversos animales marinos habitan en Milford Sound. La mayoría de las veces son los delfines que saltan alegremente al lado de las embarcaciones, pero si tienen un poco de suerte, también pueden observarse ballenas durante la travesía. Entre las piedras nosotros nos contentamos con ver a las focas tomando el sol y a algunos pingüinos escondidos. Una monada la verdad.

Milford Sound

La hora navegando pasó rápido, hubiésemos querido quedarnos un poco más llenándonos de tanta energía positiva. Pero si bien nos queda el grato recuerdo de nuestro encuentro con Milford Sound, no nos queda duda que algún día regresaremos… Ya hemos decidido que cuando lo hagamos, descubriremos otro fjord más grande y salvaje: el Doubtful Sound. ¡Ya les contaremos!

 

Nota: Hay muchas otras opciones para visitar el fjord. Varias compañías ofrecen paseos en avionetas y helicópteros, algunas otras en canoas y kayaks, otras caminatas guiadas entre las montañas. Todo va a depender del clima, el presupuesto y vuestro aguante.

by María Laura Montenegro. 

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