Estrasburgo, un paseo por la capital de la Navidad

No sé ustedes, pero yo amo las navidades. ¡Es simplemente la temporada más hermosa del año! No es sólo porque las calles se llenan de luces y colores, de aromas y música, sino por ese cambio que ocurre en las personas. Es como si se impregnanaran del espíritu navideño y reinara de repente una atmósfera de alegría y bondad en todas partes.

De niña siempre me gustaba ir con mi mamá a ver las vitrinas, cuidadosamente decoradas, que nos ofrecían toda suerte de golosinas, chocolates, panes y galletas, como salidas de un cuento de hadas. Y todavía hoy, habiendo dejado la niñez bien atrás, adoro pasear por las calles mágicas llenas de Navidad.

Por lo que no es de extrañar que, a finales de diciembre del año pasado, junto con mi pequeña familia, mi hermana y mi cuñado, nos aventuráramos a conocer la muy francoalemana ciudad de Estrasburgo.

Estrasburgo

Entre que nos despertamos tarde y nos paramos mil veces en el camino (ojo: con un niño de dos años no es fácil viajar en coche), cuando llegamos a Estrasburgo, ya era de noche, y les digo algo, es el momento ideal para recorrer y conocer esta ciudad.

Estrasburgo

Las grandes avenidas, las pequeñas calles, las plazas, las iglesias, los parques están repletos de luces y colores. ¡Todas y cada una de las fachadas de las tiendas y edificios están adornadas! Con motivos navideños en su gran mayoría, pero también pueden encontrarse con Hansel y Gretel, Blancanieves y los siete enanos o incluso con pegaso…

Estrasburgo

En la plaza Kleber, nos topamos con el hermoso árbol de navidad de 30 metros de alto, 8 toneladas y 80 años de vida, venido directamente del bosque de Bois-le-Champ, que reinaba majestuosamente la ciudad.

Estrasburgo

Paseando por los muelles del río Rhin y por la pequeña Francia nos enamoramos del ambiente festivo que nos rodeaba. Nos divertimos con músicos de calles que entetenian un variopinto grupo de turistas con sus muy movidas canciones.

Estrasburgo

Para soportar mejor el frío, cerca de la Catedral de Notre-Dame, en una esquina cuyo nombre no recuerdo, pero hay muchas esquinas donde los venden, tomamos unos deliciosos vinos calientes con canela y especies, salvo mi pequeño, que tuvo que «conformarse» con un riquísimo chocolate y un pretzel enorme.

Al día siguiente y ya con la luz del sol, recorrimos nuevamente la ciudad y el sinnúmero de tiendas de galletas y confisería, de vajillas y manteles. Pudimos apreciar nuevamente su belleza, su arquitectura, sus callejuelas, su vida y su gastronomía y sorprendernos con que es tan bella de noche como de día.

Estrasburgo

Como en esta época, nadie se preocupa por el bikini, decidimos comer todos los días como típicos alsacianos, una mezcla entre la cocina francesa y la alemana, por lo que ya adivinan que no fue nada ligera, pero llena de sabor: carnes marinadas, crema, patatas, queso y salchichas, muchas salchichas…

Estrasburgo

Por razones de seguridad nacional, en el 2015, el mundialmente reconocido Mercado de Navidad de Estrasburgo, el mercado más antiguo de Francia (desde 1570) y con más 300 chalets-tiendas, abrió hasta el 24 de diciembre solamente, por lo que no pudimos ver en su máxima expresión la capital de Navidad. Sin embargo, la ciudad en sí misma y el despliegue de colores, fragancias y sabores es tal, que les prometo, no tiene desperdicio. Así que no duden en ir y pasar un momento delicioso, pero por favor, después nos cuentan qué tal.

Estrasburgo

 

by María Laura Montenegro. 

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